¿Qué es el pericardio?
El pericardio es una membrana fina y resistente que rodea y protege al corazón. Está formado por dos capas principales: una capa externa fibrosa que proporciona soporte estructural y una capa interna serosa en contacto directo con el órgano.
De manera habitual, el espacio pericárdico contiene entre 15 y 50 mililitros de líquido seroso, un volumen normal que actúa como lubricante natural entre ambas capas. Este líquido cumple funciones esenciales:
- Reducir la fricción: permite que el corazón se mueva suavemente dentro del tórax al momento de latir.
- Proteger contra infecciones: sirve como barrera física de contención.
- Prevenir la dilatación excesiva: evita que el corazón se dilate más de lo debido ante cambios bruscos en el volumen de sangre.
Cuando este fluido sobrepasa los niveles normales, la función cardíaca puede verse seriamente comprometida y requerir atención médica inmediata.
Causas del derrame pericárdico

Al evaluar por qué se junta agua en el corazón, los especialistas suelen clasificar los factores desencadenantes en cuatro grandes grupos:
- Inflamatorias o infecciosas: derivadas de pericarditis virales, bacterianas o tuberculosas que provocan inflamación directa en la membrana.
- Neoplásicas: relacionadas con tumores primarios o metástasis de cáncer de pulmón, mama o linfomas. En pacientes que han completado tratamientos oncológicos, la vigilancia del pericardio ayuda a mantener el seguimiento del estado de remisión de la enfermedad.
- Metabólicas y sistémicas: enfermedades autoinmunes (como el lupus eritematoso sistémico y la artritis reumatoide), insuficiencia renal crónica (uremia) o hipotiroidismo.
- Posquirúrgicas o traumáticas: consecuencia de intervenciones quirúrgicas cardíacas previa o golpes y traumatismos torácicos.
En algunos casos, el padecimiento se clasifica como derrame pericárdico idiopático, lo que significa que no se logra identificar una causa específica aun tras una evaluación médica completa.
Síntomas del derrame pericárdico
Los síntomas varían según la cantidad de líquido acumulado y la velocidad con la que este se genera. En derrames pequeños o crónicos, el paciente puede ser asintomático. Sin embargo, cuando la acumulación es significativa o rápida, suele presentarse el siguiente cuadro clínico:
- Dificultad para respirar (disnea): problemas respiratorios que se agudizan notablemente en posición horizontal.
- Dolor u opresión en el pecho: molestia pectoral con reflejo en la parte izquierda o a la altura del esternón, la cual tiende a aliviar al inclinarse hacia adelante.
- Tos seca persistente: sensación constante de irritación por la presión en la zona torácica.
- Sensación de plenitud o palpitaciones: Incomodidad en el área pectoral derivada del volumen de fluido.
- Fatiga y aturdimiento: debilidad generalizada e incluso desvanecimiento debido al menor bombeo de sangre.
- Inflamación (edema): acumulación de líquido en las extremidades inferiores y en el abdomen.
Alerta médica: taponamiento cardíaco
El taponamiento cardíaco representa la complicación más grave y crítica del derrame pericárdico, constituyendo una urgencia médica vital. Sucede cuando la presión ejercida por el agua en el corazón impide el llenado normal de las cavidades cardíacas durante la diástole, reduciendo de forma drástica el gasto cardíaco.
Los signos clínicos distintivos de esta emergencia incluyen:
- Tríada de Beck: combinación diagnóstica de hipotensión arterial, ruidos cardíacos apagados a la auscultación e ingurgitación yugular (venas del cuello distendidas).
- Pulso paradójico: disminución notable de la presión arterial sistólica durante la inspiración.
- Síntomas de shock: ansiedad extrema, taquicardia y disnea intensa.
Diagnóstico del derrame pericárdico
El diagnóstico se inicia con la evaluación clínica de antecedentes infecciosos, metabólicos o traumáticos. Para confirmar la presencia y severidad del fluido, se recurre a estudios de imagen y gabinete:
- Ecocardiograma: es la herramienta confirmatoria principal. Permite visualizar en tiempo real la acumulación de líquido alrededor del corazón, medir su volumen y evaluar si existe colapso o compresión en las cavidades.
- Radiografía de tórax: en derrames de volumen moderado a severo, permite observar una silueta cardíaca significativamente aumentada de tamaño, conocida clásicamente como imagen «en forma de garrafa».
- Electrocardiograma: útil para identificar voltajes bajos o alternancia eléctrica causados por el bamboleo del corazón en el líquido.
- Tomografía computarizada o resonancia magnética: brindan caracterización anatómica detallada ante sospecha de causas estructurales o neoplásicas.
- Análisis del líquido pericárdico: extraído mediante punción, este estudio permite determinar si el fluido es de tipo exudado (inflamatorio/infeccioso) o trasudado (sistémico/hemodinámico), orientando hacia el origen exacto.

Tratamiento del derrame pericárdico
El tratamiento se adapta al volumen acumulado, la velocidad de presentación y la estabilidad del paciente:
Manejo conservador
En casos leves, asintomáticos y sin compromiso hemodinámico, se indica reposo, administración de antiinflamatorios no esteroideos y seguimiento ecocardiográfico periódico. Asimismo, el tratamiento específico de la causa subyacente (infecciosa o autoinmune) suele resolver la acumulación de fluido.
Drenaje mediante pericardiocentesis
Cuando el derrame es moderado a severo, evoluciona rápido o compromete la función cardíaca, se recurre a la pericardiocentesis. Este procedimiento invasivo busca drenar el exceso de líquido mediante una aguja o catéter fino. Generalmente se realiza guiado por ecocardiografía o fluoroscopía en tiempo real para asegurar máxima precisión.
Según la anatomía del derrame y la urgencia, se utilizan principalmente tres abordajes:
- Abordaje subxifoideo: es la técnica clásica y más frecuente; la aguja ingresa por debajo del proceso xifoideo (extremo inferior del esternón).
- Abordaje apical: la aguja se inserta en el ápice cardíaco, ideal para drenar acumulaciones posterior-laterales.
- Abordaje paraesternal: la inserción se realiza en la región adyacente al esternón, apoyada por ecografía para evitar complicaciones.
Intervención quirúrgica
En derrames recurrentes, persistentes o con características complejas, puede indicarse una cirugía como la creación de una ventana pericárdica o una pericardiectomía para garantizar el drenaje continuo.
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Fuentes: