¿Qué es la enfermedad renal crónica y cuáles son sus causas?
La enfermedad renal crónica se caracteriza por una disminución progresiva e irreversible de la función renal. En sus fases iniciales rara vez genera síntomas visibles, por lo que suele diagnosticarse cuando la pérdida de la función de los órganos está considerablemente avanzada.
Causas más comunes de la enfermedad renal
Las dos causas principales del deterioro renal continuo son:
- Diabetes mellitus: la glucosa elevada en sangre daña progresivamente los diminutos vasos sanguíneos (nefronas) encargados de la filtración.
- Hipertensión arterial: la presión sanguínea elevada sin control daña la estructura vascular de los riñones.
Otras causas y factores desencadenantes
Existen otras afecciones médicas y factores de riesgo que pueden originar esta condición:
- Enfermedades autoinmunes como lupus o esclerodermia.
- Defectos renales congénitos o de nacimiento.
- Nefropatía por reflujo de orina.
- Presencia recurrente de cálculos renales o infecciones urinarias graves.
- Ingesta prolongada o inadecuada de ciertos fármacos e ingesta de sustancias químicas.
- Traumatismos, golpes directos o lesiones renales.
Signos y síntomas de la enfermedad renal crónica
Dado que la insuficiencia renal crónica se desarrolla a lo largo de meses o años y, a su vez, se clasifican en estadios de enfermedad renal crónica, los síntomas cambian a medida que disminuye el porcentaje de filtración de los riñones.
Síntomas en etapas iniciales
En las primeras fases, los síntomas suelen manifestarse de forma leve o imperceptible:
- Disminución del apetito y pérdida involuntaria de peso corporal.
- Cansancio, debilidad o malestar general.
- Náuseas y jaqueca.
- Comezón y resequedad cutánea.

Síntomas en fases avanzadas
Conforme el nivel de afectación renal es mayor, el cuadro clínico se vuelve más complejo:
- Inflamación (edema) en pies, tobillos y manos.
- Cambios en el patrón de sueño, insomnio o sueño excesivo.
- Falta de concentración y dificultad respiratoria.
- Espasmos, calambres musculares y dolor en los huesos.
- Halitosis (mal aliento con olor similar al amoníaco) y vómito.
- Cambios en el tono de la piel (palidez u oscurecimiento) y aparición recurrente de hematomas.
- Presencia de sangre en las heces, episodios constantes de hipo y sed continua.
- Disfunción eréctil o impotencia y amenorrea (ausencia del periodo menstrual).
Complicaciones asociadas a la insuficiencia renal
El deterioro de los riñones repercute en múltiples sistemas del organismo, derivando en complicaciones graves como:
- Problemas cardiovasculares: aumento descontrolado de la presión arterial y riesgo de eventos cardíacos.
- Complicaciones sanguíneas y respiratorias: anemia, derrame pleural o acumulación de líquido en los pulmones.
- Afecciones metabólicas y óseas: edema generalizado, osteoporosis o debilidad ósea y acumulación de toxinas.
- Alteraciones neurológicas e inmunológicas: neuropatía periférica, demencia, episodios convulsivos, insuficiencia hepática e infecciones recurrentes.
- Complicaciones digestivas: hemorragias estomacales e intestinales.
Diagnóstico y tratamiento de la enfermedad renal

El diagnóstico oportuno de la enfermedad renal crónica permite implementar medidas para ralentizar la pérdida de la función de los órganos.
Pruebas de diagnóstico
Ante la presencia de factores de riesgo o síntomas sospechosos, el médico especialista realiza una evaluación que incluye:
- Examen físico e historial clínico completo.
- Análisis de orina: para medir los niveles de proteína y evaluar el filtrado de creatinina.
- Análisis de sangre: para determinar la cantidad de nitrógeno ureico en sangre y calcular la tasa de filtración glomerular.
- Estudios de imagen: ecografía, tomografía computarizada o resonancia magnética para observar la estructura renal.
- Biopsia renal: en casos específicos donde se requiera identificar la causa exacta del daño.
Abordaje terapéutico y prevención
El tratamiento se centra en frenar el avance de la enfermedad mediante el control de la causa subyacente y la modificación del estilo de vida:
- Control estricto de la presión arterial y la glucosa en sangre.
- Alimentación balanceada: dieta baja en sodio, controlada en proteínas, grasas y azúcares.
- Actividad física regular: realización de ejercicio adaptado a la condición médica del paciente.
- Suspensión del tabaquismo y autocuidado: evitar el consumo de tabaco y no automedicarse.
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