¿Qué es el dolor de rodilla?
El dolor de rodilla es una molestia que puede presentarse dentro, alrededor, al frente, a los lados o detrás de la articulación. Puede sentirse como punzada, presión, ardor, rigidez, inflamación, dolor profundo o dificultad para mover la pierna.
La rodilla participa en movimientos como caminar, subir y bajar escaleras, sentarse, levantarse, correr, saltar y cargar peso. Por eso, el dolor de rodillas puede afectar de forma importante la movilidad y la calidad de vida.
Cómo se puede presentar el dolor de rodilla
El dolor de rodilla no siempre aparece solo. Algunas personas también pueden notar cambios en la articulación o molestias asociadas que ayudan a orientar la causa.
Puede presentarse con:
- Inflamación.
- Rigidez.
- Calor al tocar la rodilla.
- Enrojecimiento.
- Falta de fuerza.
- Sensación de inestabilidad.
- Dificultad para apoyar la pierna.
- Reducción del movimiento.
- Entumecimiento.
- Chasquidos, crujidos o tronidos.
- Sensación de bloqueo.
- Dolor al flexionar o estirar la pierna.
- Dolor al subir o bajar escaleras.
Cuando el dolor se acompaña de hinchazón importante, puede relacionarse con lesiones, inflamación articular, sobreuso o cuadros como rodilla hinchada, por lo que conviene revisar la evolución y los síntomas asociados.
Tipos de dolor según la zona
La localización del dolor puede ayudar a orientar la causa probable, aunque no sustituye una valoración médica.
Dolor en la parte frontal de la rodilla
El dolor en la parte frontal suele sentirse alrededor o detrás de la rótula. Puede empeorar al subir o bajar escaleras, correr, ponerse en cuclillas o permanecer sentado con las rodillas flexionadas durante mucho tiempo.
En algunos casos, esta molestia se relaciona con el síndrome de dolor patelofemoral, que puede aparecer por sobreuso, debilidad muscular, cambios en la alineación de la rótula o actividades repetitivas.
Dolor lateral de rodilla
El dolor lateral de rodilla puede aparecer en la parte externa o interna de la articulación. Puede relacionarse con sobrecarga, cambios en la pisada, irritación de tendones, lesiones de ligamentos, meniscos o desgaste localizado.
Si el dolor lateral aparece después de un giro, caída o movimiento brusco, conviene valorar la posibilidad de una lesión ligamentaria o meniscal.
Dolor detrás de la rodilla
El dolor atrás de la rodilla o dolor en la parte trasera de la rodilla puede deberse a tensión muscular, lesión de tendones, inflamación, quiste de Baker, problemas de menisco o molestias que se perciben al flexionar y estirar.
Cuando hay dolor detrás de la rodilla al flexionar y estirar, hinchazón, sensación de presión o limitación para caminar, se recomienda una valoración para identificar la causa.
Causas frecuentes
El dolor puede originarse en diferentes estructuras de la articulación o en tejidos cercanos.
Entre las causas frecuentes de dolor de rodilla se encuentran:
- Golpes, caídas o torceduras.
- Sobrecarga por ejercicio, caminatas largas o actividad física intensa.
- Lesiones de ligamentos.
- Lesiones de menisco.
- Artrosis.
- Desgaste articular u osteoartritis.
- Tendinitis o irritación de tendones.
- Gota.
- Infecciones virales o bacterianas.
- Bursitis.
- Síndrome de dolor patelofemoral.
- Alteraciones en la pisada o alineación.
- Inflamación articular.
- Enfermedades reumatológicas, como artritis.
- Exceso de carga sobre la articulación.
Factores que aumentan el riesgo de dolor de rodilla
Algunas condiciones pueden favorecer la aparición de dolor, lesiones o desgaste en la rodilla.
Entre los factores de riesgo se encuentran:
- Práctica de deportes con saltos, giros o cambios bruscos de dirección.
- Actividades laborales que requieren cargar peso, estar de pie o flexionar la rodilla con frecuencia.
- Debilidad muscular.
- Falta de flexibilidad.
- Lesiones previas.
- Sobrepeso u obesidad.
- Aumento repentino de actividad física.
- Técnica deportiva inadecuada.
- Alteraciones en la pisada o alineación de piernas.
- Edad avanzada, especialmente cuando existe desgaste articular.
Identificar estos factores ayuda a orientar el tratamiento y a disminuir el riesgo de que el dolor reaparezca.
Qué tomar para el dolor y cuándo no conviene automedicarse
Algunos medicamentos pueden aliviar el dolor, pero no corrigen la causa y pueden tener riesgos en personas con gastritis, enfermedad renal, presión alta, uso de anticoagulantes, embarazo o antecedentes cardiovasculares.
No conviene automedicarse si el dolor es intenso, hay fiebre, la rodilla está muy inflamada, existe enrojecimiento, hubo una lesión importante, no puedes apoyar la pierna o el dolor se acompaña de debilidad, malestar general o deformidad.
Cuando el dolor se relaciona con inflamación persistente, desgaste o ciertas lesiones articulares, la infiltración de rodilla puede formar parte del tratamiento en casos seleccionados, siempre después de una valoración médica.
Cómo se diagnostica
El diagnóstico depende de la forma en que comenzó el dolor, los antecedentes médicos y la exploración física.
Durante la consulta, el médico puede revisar la localización del dolor, la presencia de inflamación, la sensibilidad al tacto, la capacidad de movimiento y la estabilidad de la rodilla. También puede evaluar la fuerza muscular, la marcha o forma de caminar, el dolor al flexionar, extender o girar la pierna, así como antecedentes de golpes, caídas, práctica deportiva o lesiones previas.
Según el caso, también puede solicitar estudios como radiografías, ecografía o ultrasonido, resonancia magnética, tomografía computarizada o estudios de laboratorio si se sospecha infección, inflamación o enfermedad reumatológica. Estas pruebas ayudan a diferenciar si el dolor proviene de una lesión, desgaste, inflamación, infección, alteración de ligamentos, daño de menisco o algún padecimiento articular.
Tratamiento
El tratamiento para dolor de rodilla depende de la causa, la edad, el nivel de actividad, la intensidad del dolor y el grado de limitación funcional.
Puede incluir:
- Reposo relativo.
- Cambios en la actividad física.
- Control de peso.
- Medicamentos indicados por un médico.
- Fisioterapia.
- Ejercicios de fortalecimiento.
- Uso de rodilleras, soportes o plantillas.
- Infiltraciones en casos seleccionados.
- Tratamiento de enfermedades inflamatorias.
- Procedimientos quirúrgicos cuando existe daño estructural o desgaste avanzado.
Cuándo puede requerirse cirugía de rodilla
La cirugía no es necesaria en todos los casos. Suele considerarse cuando existe lesión estructural, daño de ligamentos o meniscos, desgaste avanzado, dolor persistente o limitación importante para caminar a pesar del tratamiento conservador.
Algunas opciones quirúrgicas pueden incluir:
- Cirugía artroscópica, para diagnosticar o tratar lesiones dentro de la articulación mediante un abordaje de mínima invasión.
- Reparación o reconstrucción de ligamentos.
- Cirugía parcial de rodilla, cuando el daño se limita a una zona específica.
- Osteotomía, en casos seleccionados para modificar la alineación y redistribuir la carga.
- Cirugía robótica de reemplazo de rodilla, cuando existe desgaste avanzado y pérdida importante de función.
La elección del procedimiento depende del diagnóstico, el grado de daño, la edad, la actividad del paciente y los objetivos de recuperación.
En casos de dolor persistente, lesión, desgaste o limitación para caminar, el Centro de Ortopedia y Traumatología puede orientar la valoración y el manejo de acuerdo con las características de cada paciente.
Fuentes: