El aneurisma de la arteria poplítea puede desarrollarse de manera silenciosa, sin llegar a presentar síntomas durante mucho tiempo. Pero en caso de que se presenten, los signos más frecuentes suelen incluir dolor persistente o intermitente en la parte posterior de la rodilla o la pantorrilla, así como una sensación pulsátil o de masa en dicha zona.
También es posible que algunos pacientes experimenten debilidad o entumecimiento en la pierna afectada, esto puede dificultar el caminar con normalidad.
Para los casos más avanzados, los síntomas pueden intensificarse si el aneurisma comprime nervios o venas cercanas. Lo cual puede provocar hinchazón, cambios en el color de la piel, frialdad en el pie o úlceras en los dedos.
La trombosis es una de las complicaciones más graves del aneurisma de la arteria poplítea, que puede llevar a una isquemia aguda de la pierna, comprometiendo su irrigación y generando dolor intenso, pérdida de sensibilidad o parálisis.
Existen también riesgos de embolización, donde pequeños coágulos se desprenden y bloquean arterias más distales, provocando daños en los tejidos, pero esto es menos frecuente que en otros tipos de aneurismas.